SOBRE MÍ
No me pregunten quién soy,
y no me pidan que siga siendo el mismo
Michel Foucault
Me interesa más el territorio que el mapa: creo que ningún mapa o modelo cubre la totalidad de lo que es un ser humano.
Estudié psicología interesado por la consciencia, la mente y las experiencias trascendentes, pero no encontré nada de eso. El trabajo con el cuerpo ni estaba ni se le esperaba.
Siempre me ha gustado bailar. He acumulado cientos de horas de baile en mi casa, pubs y discotecas. Nunca me han dado un certificado por esto.
Acabé psicología y me interesé por el crecimiento personal. Asistí a sesiones de meditación zen en un dojo en mi ciudad, pero sentarme con la espalda recta frente a una pared no me parecía lo más emocionante de la vida. Siempre me he llevado mal con las reglas.
Tenía claro que lo espiritual era una dimensión tan importante como las demás del ser humano, pero debía estar integrada en lo cotidiano. Aprendí que la senda espiritual como una forma de evasión ni era sano ni funcionaba. Mis exploraciones de lo espiritual abarcaron desde meditar en mi cuarto intoxicado de incienso hasta sesiones de respiración holotrópica.
La psicoterapia Gestalt me llevó de vuelta al cuerpo, las emociones y lo experienciado. Estaba bien leer sobre la mente y el crecimiento, pero resulta que era mucho mejor tirarse al barro.
En 2009 asistí a una clase de dos horas con Antonio del Olmo. El modo en que cruzó la sala cuando entró para ir a comprobar el sonido me cautivó al momento. No sabía qué era, pero había algo especial en cómo se movía. Aquellas dos horas fueron el comienzo de todo lo demás.
Cogí todo lo que tenía, lo uní como pude y empecé a moverlo para otros en mis primeros talleres: lo mental, lo emocional, lo espiritual y el movimiento. Saltaba de un mapa a otro, de una herramienta a otra: psicología, movimiento, meditación. Me di cuenta de que algunas personas conectaban mejor con unas formas de trabajo que otras. Algunas estaban bien cuando hablábamos, pero se quedaban pegadas a la pared cuando tocaba bailar o moverse. A veces las que disfrutaban bailando no lo hacían meditando o explorando su sombra. Durante años trabajé con esta exploración del territorio utilizando todo lo que tenía a mano.
Conocí los 5ritmos© de Gabrielle Roth y lo tuve claro: estaba en casa. Si Antonio del Olmo encendió la chispa del movimiento, Gabrielle Roth provocó el incendio de la danza. El cuerpo, el movimiento y la danza habían llegado para quedarse. Empecé a bailarlos en 2010 y en 2016 me formé como SpaceHolder en 5Ritmos©. A partir de ese momento facilité sesiones de 5RitmosSweat© hasta 2019.
A partir de esa fecha bailé hacia atrás y retomé todo lo que había hecho para llegar de nuevo al principio: al cuerpo, a la mente y al espíritu. Vuelta al punto de partida: «lo mismo, pero diferente».
En el camino de todos estos años he tenido la enorme suerte de encontrar a mi maestra y hermana en el ritmo, Helena Barquilla, Maestra de la Autenticidad.
He descubierto en mi propia experiencia que el movimiento es una buena herramienta para el trabajo mental, emocional y espiritual. Bailar ha sido siempre una forma de llegar a un lugar interior que siempre está ahí y nunca se agota. Moverse, danzar y bailar trasciende mapas y es la forma que he encontrado de saltar de unos a otros hasta alcanzar el territorio propio.
El resultado de todo eso es lo que quiero ofrecer: facilitar un espacio para tomar consciencia, conocerse y crecer. Una vuelta al territorio, que siempre será más importante y real que cualquier mapa.
Óscar Iborra